El presidente de la organización Deutsche Umwelthilfe (Ayuda para el Medioambiente Alemán), Jürgen Resch es dueño de una fama que le incomoda. Critica sin piedad en los medios de comunicación la peligrosa contaminación del aire que producen los coches con motores diésel que se fabrican en Alemania. Y así, Resch se ha convertido en el enemigo más peligroso de la poderosa industria automotriz alemana. Su fama se acrecentó a finales de julio, gracias a una iniciativa que ha hecho temblar a los ejecutivos de Volkswagen, Daimler y BMW y que obligó al gobierno federal a buscar una solución de último minuto para aplacar el descontento y el miedo de unos 15 millones de propietarios de coches diésel en Alemania.